Miguel José de Oruñac es el nombre del primer Maestro de Capilla conocido de Santa María. Lo poco que sabemos de él –que en 1783 trabajaba en la parroquia como tal- se debe a una mención que se hace a su labor en un documento del archivo de Arantzazu.

Mateo (Antonio) Pérez de Albeniz (1765-1831) fue el siguiente Maestro de Capilla conocido. Organista, compositor y tratadista, había nacido en Logroño y estuvo durante casi 30 años al frente de la institución. En esos años compuso una gran cantidad de obras religiosas muchas de las cuales se perdieron con el incendio de 1813. En su tiempo se estrenó la Misa de Réquiem de Manuel Sagasti.

Pedro Pérez de Albeniz (1795-1855), hijo del anterior fue quien continuó en la tribuna de Santa María. Pianista ilustre centró su actividad enla educación, trasladándose a Madrid para impartir clases en el Real Conservatorio y para ser organista de la Capilla Real. Fue profesor de Isabel II.

 

 

 

 José Juan Santesteban “Maisuba” le siguió en el puesto que ocupó durante casi 50 años en los que cambió radicalmente el mundo musical donostiarra. Fue “Maisuba” quien impulsó la actividad de la Capilla, quien abrió sus puertas a la participación de las agrupaciones corales que iban surgiendo en la ciudad, quien abrió las puertas de la institución al mundo amateur. En aquel tiempo la Capilla creció hasta conventirse en una institución capaz de abordar las grandes obras de autores como Haydn, Beethoven o Brahms. Fueron tiempos de esplendor, tiempos en los que la basílica se hizo con uno de sus grandes tesoros, el órgano Cavaillé-Coll que hoy sigue sonando.

 

Su hijo, José Antonio Santesteban, fue precisamente quien estrenó el órgano. Considerado como el compositor de la primera ópera en euskara, “Pudente” fue un apreciado organista y dirigió la institución donostiarra entre 1879 y 1906, fecha a partir de la cual se pierde la actividad de la capilla.

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